2026: abrir el modelo sin romper la marca


Hace unos días, nuestro equipo recibió un mensaje de alguien que trabajó con la marca hace años:

“Yo trabajé con la marca hace años y he visto muchos cambios. Se nota que ahora hay más flexibilidad.”

La palabra se nos quedó dando vueltas.

Flexibilidad.

Desde que llegamos en 2024, la marca ha cambiado en varias etapas. No todo pasó de golpe. Algunas cosas se ajustaron al inicio; otras se entendieron con el tiempo; y otras apenas cambiaron en 2026.

Uno de los cambios más claros fue pasar de una publicidad fija a una publicidad variable con tope. No todas las socias trabajan con el mismo ritmo, ni buscan el mismo nivel de involucramiento. Si eso era cierto, el modelo también tenía que poder adaptarse. Por eso también creamos un simulador de ingresos: no para vender una promesa perfecta, sino para que cada socia pueda ver escenarios, entender sus números y tomar decisiones con más claridad.

Pero la flexibilidad más interesante no está solo en los horarios o en los ingresos. Está en cómo se toman decisiones sobre contenido, espacios y estándar. La fotografía fue uno de los cambios más importantes.

Antes, la marca se encargaba directamente de la fotografía y la producción de video, y ese material se entregaba gratis. Cuando nosotras llegamos, eso cambió. Empezamos a cobrar la producción porque las fugas tenían que parar: no más filtraciones, no más contenido robado, no mas costos hundidos. Centralizar la producción con costo fue, en ese momento, una forma de proteger a la marca.

Pero una solución que funciona en una etapa puede dejar de ser la mejor solución en otra. Con el tiempo vimos dos cosas: el precio de esos activos podía convertirse en una barrera para algunas socias, y también tenía sentido que cada una pudiera elegir con quién producir su propio material.

Entonces en 2026 cambiamos el proceso.

Ahora, las socias pueden trabajar con el fotógrafo o equipo de video que ellas elijan. Pueden decidir en quién confían, con quién se sienten cómodas y quién entiende cómo quieren ser vistas. Eso no significa que el resultado dejó de importarnos. Al contrario.

Por eso creamos una guía visual detallada: qué esperamos visualmente, qué funciona para la marca, qué evitar y presentación general. Una guía que la socia puede compartir directamente con el profesional que elija. La idea no es: “haz lo que quieras”. La idea es: “elige con quién producir tu material, pero sigamos un estándar visual claro.”

Esa es la diferencia entre flexibilidad y permisividad.

Lo mismo empezó a pasar con los espacios. Antes existía una regla muy firme: las socias no deberían compartir un lugar. Y el ejemplo tenía sentido. Si dos socias trabajan al mismo tiempo en un departamento de dos recámaras y los clientes pueden escuchar que hay alguien más ahí, la experiencia se rompe. No se siente privado. No se siente elevado. No se siente alineado con la idea de hospitalidad descentralizada.

Pero este año una socia nos planteó algo distinto: compartir un loft con una amiga, pero en días separados. Una trabajaría de lunes a miércoles; la otra, de jueves a domingo. Mismo espacio, sin empalmes, sin clientes cruzándose, sin pérdida de privacidad. Ahí la pregunta cambió. Ya no era: “¿se puede compartir espacio?” Era: “¿se puede compartir sin romper el principio que queremos cuidar?”

Y en ese caso, sí.

Eso abrió una conversación más interesante: si dos socias no quieren trabajar todos los días, ¿podrían dividir renta, dividir inversión en diseño y acceder juntas a un espacio mejor del que podrían lograr solas?

Porque cuando la estructura es clara, la flexibilidad puede abrir acceso.

Y esto conecta directamente con Beyond.

Cuando conocimos la idea de Beyond, una de nosotras se emocionó de inmediato. La otra lo vio con más distancia: un poco obsesivo. Y quizá lo sigue viendo así en parte.

Hay una tendencia global en negocios tradicionales a convertir todo espacio en una experiencia diseñada, casi escenográfica. A veces se siente demasiado. Pero también sería ingenuo negar el impacto. Un espacio diseñado cambia la percepción. Hace que el cliente imagine la experiencia antes de reservar. Eleva el valor percibido. Atrae nuevos clientes. Y si la experiencia sostiene lo que la imagen promete, también aumenta la lealtad. No tienes que amar la obsesión por los espacios para reconocer lo que producen. A veces basta con ver los números.

En la historia de la marca han existido pocos espacios verdaderamente impresionantes. No porque la idea sea débil, sino porque crear un espacio así requiere inversión, disciplina y consistencia.

Por eso la posibilidad de compartir un loft en días distintos se volvió tan interesante. Podría permitir que más socias accedan a mejores espacios, mejor percepción y una categoría más alta sin cargar solas con toda la inversión.Y de ahí surgió otra pregunta que todavía estamos explorando:

¿Qué pasaría si una socia quiere usar un loft para trabajar, no para vivir ahí y que también le pueda generar valor cuando ella no lo está usando?

Y no, no nos referimos a rentárselo a otra terapeuta. Eso lo contaremos pronto. Por ahora, el punto es simple: Flexibilidad no significa bajar el estándar. Significa decidir mejor qué necesita control y qué puede abrirse a elección.

  • Publicidad variable, pero con tope.

  • Fotografía libre, pero con guía visual.

  • La posibilidad de espacios compartidos, pero sin romper privacidad ni experiencia.

  • Beyond, pero solo cuando el espacio realmente sostiene la percepción.

Eso es lo que estamos intentando construir: un modelo más flexible, pero no más flojo.

Porque soltar control no siempre significa perderlo.

A veces significa dejar de controlar lo que no era tan importante, para cuidar mejor lo que sí lo es.